El mundo y sus demonios

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Soy uno más de los muchos que quedaron atrapados por la serie Cosmos allá por los ochenta. Antes conocía a Carl Sagan por su libro “La conexión cósmica”, que formaba parte de una colección de temas ovni y paranormales (¡!). Sí, aunque parezca extraño, probablemente “Carlos Jesús” también leía a Carl Sagan junto a libros como “El retorno de los brujos” o “El enigmático conde de Sant Germain”.

Desde siempre me fascinaron la fantasía y la ciencia ficción y aunque de pequeño no era muy buen estudiante me volvía tonto pensando sobre el concepto de “infinito”, los dinosaurios, la inmensidad del espacio, el origen de la vida, los extraterrestres, el triángulo de las bermudas o como supo la vecina del noveno que le paré el ascensor dejándola “colgada” entre dos pisos. ¿tan evidente era?

…y Carl Sagan encendió la vela

Mi atracción por lo desconocido me hacía navegar entre dos aguas y fue finalmente el libro “El mundo y sus demonios” el que marcó un antes y un después definitivo. No sólo me hizo completamente escéptico, consiguió transmitirme su entusiasmo por la ciencia y el respeto que mostraba hacia aquellos que creían de forma sincera en todo lo que él se esforzaba por disipar. Es fácil encontrar montones de páginas escépticas en las que se ridiculiza a cualquiera por el simple hecho de creer en Dios, el horóscopo o los extraterrestres. Una cosa son los charlatanes que se aprovechan de la credulidad de las personas y a los cuales hay denunciar y combatir y otra, esas personas que buscan respuestas a muchas preguntas. Creyentes y no creyentes pecamos de orgullo intelectual. ¿Cómo pretendemos acabar con el analfabetismo científico ridiculizando a los que como el bueno de Fox Mulder “quieren creer”? ¿No será mejor tender una mano ofreciendo una visión racional de todo aquello que nos confunde? Sé que es mucha la gente que no sólo no tiene remedio sino que son casos casi clínicos de credulidad absoluta, pero se trata tan solo de no ahuyentar a aquellos que están dispuestos a evaluar las alternativas. Me adhiero al sentir de Mario Bohoslavsky en el manifiesto “Por qué somos escépticos” de la “ARP- Sociedad para el avance del pensamiento crítico”:

No creas que para acercarte a nosotros debes estar de acuerdo en todo: basta con que estés de acuerdo en que lo mejor, ante una afirmación extraordinaria, es sopesarla con cuidado antes de darla por cierta.

Carl Sagan revisited

No hace mucho compré la serie Cosmos en DVD. Hacía mucho tiempo que no la veía pues ya había perdido algunos de los capítulos que tenía grabados y en video me daba como pereza. A pesar de los años que han pasado sigue teniendo el encanto de haber sido la primera en proporcionar de forma amena una perspectiva de nuestra existencia y de la evolución que ha experimentado el cosmos desde el inicio del universo hasta nuestra aparición, la de la “materia estelar que ha cobrado conciencia de sí misma”.
Después de ver la serie me pregunto por qué no conseguían cautivarme los libros de historia o de física en el colegio. ¿Por qué me preguntaba yo de qué iban a servirme las leyes de Kepler cuando fuera mayor y después de ver un capítulo siento una profunda admiración por él y aprecio lo importantes que han sido los esfuerzos de muchos grandes hombres para explicar el mundo en que vivimos? Me abstraigo pensando en el largo camino que ha recorrido nuestra especie y de lo valiosa que es la vida en el planeta, de lo importante que es conservarla y lo necesario que es nuestro compromiso para solucionar las actitudes destructivas de nuestra especie, la futilidad de las guerras o el lastre de los fanatismos religiosos para avanzar hacia un mundo más habitable. Me pregunto cómo una sociedad como la estadounidense se está volviendo retrograda, cómo es posible que la idea del Diseño Inteligente tenga tantos apoyos a todos los niveles.

Carl Sagan no era el único, en absoluto, ni fue el primero en sentir tal pasión por la ciencia; que al fin y al cabo era pasión por comprender la vida y el universo, pero sí fue uno de los personajes que más y mejor han luchado por sacarnos del oscurantismo y analfabetismo científico como medio para mejorar nuestra sociedad y caminar hacia un futuro mejor.

Ahora leo sobre la tercera cultura, leo a Richard Dawkins, Steven pinker, Jay Gould, Ray Kurzweil, etc…pero en mi caso fue Carl Sagan el que me abrió el camino, por eso animo a aquellos que tienen dudas al leer “El mundo y sus demonios”. Conocer la verdad siempre es mejor que vivir en la ignorancia o aún peor, en la mentira. Yo, como Neo, elegí la pastilla roja.